Saber pero no saber. Querer pero no querer. Los seres humanos no somos un reloj, ni funcionamos de manera sistemática. Por ello, la ambivalencia afectiva es un concepto psicológico con el que todos deberíamos familiarizarnos. Si tú tampoco sabes a qué nos referimos exactamente, quédate. Te lo contamos todo en nuestro post de hoy. Además, si quieres formarte en este apasionante ámbito, no te pierdas nuestros cursos de psicología y trabajo social. Elige el que mejor se adapte a tus necesidades.

Definición de la ambivalencia

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, la ambivalencia es la condición de ambivalente o el estado de ánimo, permanente o no, en el que una persona coexiste con dos sentimientos opuestos. Amor y odio, aburrimiento y pasión, alegría y pena. Todas estas situaciones, aunque puedan parecer muy opuestas y en diferentes extremos, pueden coexistir. Y, cuando lo hacen, aparece la ambivalencia afectiva.

Y es que, como comentábamos al inicio de este artículo, los humanos no somos máquinas programadas. Experimentamos emociones, y las unimos a recuerdos, vivencias y otros factores que pueden hacernos sentir la ambivalencia afectiva. ¿Es esto un trastorno o una afección grave? ¿Cuándo debemos preocuparnos? Sigue leyendo, te lo explicamos.

Ambivalencia afectiva: qué es

Como te hemos explicado anteriormente, la ambivalencia afectiva es un estado de ánimo. Mientras estamos experimentándolo, podemos tener sensaciones contradictorias. Ello se debe a que durante la ambivalencia afectiva compleja, experimentamos sentimientos, emociones, ideas y opiniones contrarias entre ellas. De ahí que, cuando experimentamos este estado de ánimo también sintamos tensión, indecisión o incomprensión.

Por ejemplo, cuando alguien muy querido nos decepciona pero el amor que sentimos por la persona nos impide “aborrecerla” al 100%. A pesar del disgusto que sentimos por ese hecho en concreto, también sentimos amor por él o ella. Aquí es cuando experimentamos esta ambivalencia afectiva.

Sin embargo, ¿Es siempre normal sentir estas contradicciones internas? Siempre que no sea un hecho muy común, sí, es completamente normal. La vida de una persona social nunca es completamente lineal. Es decir los imprevistos que nos ocurren pueden hacer que experimentemos este estado de ánimo de lo más común.

Algunos autores, unos más controvertidos y otros menos, han asociado a lo largo de los años la ambivalencia a trastornos y patologías mentales tales como la esquizofrenia. Sin embargo, en la actualidad se considera un fenómeno aceptable, normal y comprensible.

Así pues, a pesar de ser normal experimentar esto, es necesario que le prestemos atención. Aunque es completamente usual tener que convivir con la incertidumbre, la contradicción y el no saber actuar, debemos estar atentos a estos elementos que pueden acabar interfiriendo en otras facetas de nuestra vida más allá del estado anímico momentáneo.

Consecuencias de la ambivalencia

Cuando experimentamos la ambivalencia afectiva, se suceden ciertos mecanismos en nuestra mente que hace que nos sintamos de una manera determinada. Es decir, para llegar a experimentar este estado anímico, necesitamos un ‘gatillo’ o ‘activador’. Una circunstancia que nos ocurre y que hace que sintamos esta ambivalencia y contradicciones internas.

Sin embargo, no solo sentimos ambivalencia afectiva. Sino que este estado de ánimo nos puede causar consecuencias de otra índole. Dicho de otra manera: la ambivalencia nos puede traer otros sentimientos como indecisión o malestar. Y es que las emociones que ‘chocan’ y provocan la ambivalencia afectiva suelen ser muy intensas y profundas. Por ejemplo, sentimos odio y amor a la vez, o ilusión y miedo. Por ello, dependiendo de la situación que haya causado este estado de ánimo, es posible que necesitemos el apoyo de un profesional de la salud mental.

Por otro lado, este estado de ánimo es un gran ‘consumidor’ de energía, lo que nos puede provocar cansancio, desgaste o bloqueo. Son claramente situaciones relacionadas con la indecisión, la confusión y la ambivalencia afectiva.

Beneficios de la ambivalencia

Aunque hasta ahora solo hemos estado hablando de las consecuencias más bien negativas que puede acarrearnos la ambivalencia, no todo es negativo. Y es que experimentar este estado de ánimo también tiene otros significados. Antes que nada, las contradicciones son como cruces de caminos que, además de hacernos dudar, nos dan nuevas oportunidades.

Asimismo, las contradicciones nos ayudan a clarificarnos. Nos arrastran a una situación ante la que debemos calibrar opciones, pros y contras. Es decir, la ambivalencia afectiva nos impulsa a acabar tomando decisiones. También puede suceder que empecemos a darle importancia a otros aspectos que antes no podíamos ver.

Finalmente, cabe destacar que con la ambivalencia podemos aprender a plantar cara a ciertas preguntas que evadimos consciente o inconscientemente. Al encontrarnos ante estas situaciones de incertidumbre, es siempre una buena ocasión para dejar de lado el miedo, meditar y avanzar tomando decisiones que antes de ello no habríamos sido capaces de asumir.