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Uno de los grandes avances de la medicina es el antibiótico. Sin duda, es el tipo de fármaco más utilizado a nivel mundial por la eficacia y la seguridad que aporta sobre el tratamiento de enfermedades. Desde su fabricación y comercialización en los años cuarenta, ha conseguido reducir grandes porcentajes de mortalidad. Eso sí es importante hacer un uso responsable de estos fármacos y conocer cuál aplicar en cada caso. Para ello, a continuación, vamos a profundizar en la clasificación de los antibióticos, sus usos y efectos. ¿Buscas obtener un conocimiento más amplio y técnico en este ámbito? Fórmate como técnico auxiliar de farmacia y amplía tu formación en la suministración y la distribución de los medicamentos.

¿Qué son los antibióticos?

Los antibióticos son fármacos que se emplean para combatir las infecciones que causan las bacterias. Es decir, atacan a los microorganismos bacterianos para impedir que se reproduzcan y, a partir de ahí, las defensas naturales del organismo se encargan de eliminarlos.

Las bacterias son microorganismos que habitan en el organismo, concentrándose sobre todo en zonas como la piel, el sistema digestivo, la boca y la garganta. En su mayoría son inofensivas e, incluso, beneficiosas, pues se encargan de distribuir los nutrientes. Pero, algunas son capaces de producir infecciones y es ahí donde entran en juego los antibióticos.

El primer antibiótico fue la penicilina, descubierto por el científico Alexander Fleming en 1928. El término significa de manera literal “contra la vida”, de las bacterias, en este caso. Existen diferentes clases de antibióticos: antibacterianos (los más utilizados), antimicóticos, antivirales y antiparasitarios.

Cómo actúan los antibióticos

Un antibiótico específico solo es eficaz frente a determinadas bacterias. Por ello, un tratamiento con antibióticos únicamente puede indicarlo un médico. De igual forma, el especialista determina el tiempo de la toma y la dosis. Estas indicaciones pueden variar en función de cada caso y del tipo de antibiótico.

Cabe apuntar que los antibióticos no son eficaces para combatir las infecciones de tipo viral como resfriado, gripe, bronquitis, afecciones de garganta, etc. Los virus que provocan estas enfermedades son de menor tamaño que las bacterias, las cuales generan enfermedades cuando entran en contacto con las células sanas.

Así pues, los antibióticos están indicados para curar, por ejemplo, infecciones de garganta causadas por estreptococos, tosferina o infecciones del sistema urinario. Debido a su poder para destruir las bacterias, son fármacos muy potentes que no pueden tomarse sin prescripción y supervisión médica.

Un antibiótico se puede tomar vía oral en pastilla, cápsula o líquido. También de manera tópica en crema, ungüento o aerosol. A esta clasificación pertenecen las gotas de ojos u oídos. Y, por último, se puede aplicar por vía intravenosa cuando se trata de infecciones graves.

Clasificación de los antibióticos y principales tipos

Los antibióticos pueden clasificarse por clases, según sus propiedades, estructura y espectro de acción, así como el tipo de bacterias sobre las que actúan. Una de las clasificaciones más comunes es la que se realiza en función del espectro:

  • Amplio espectro: antibióticos que pueden combatir bacterias diferentes.
  • Espectro reducido: antibióticos que resultan eficaces contra determinadas bacterias.

A continuación, exponemos los grupos y antibióticos más comunes que se incluyen en cada uno de ellos:

Penicilinas

A esta categoría pertenecen antibióticos como la amoxicilina o la ampicilina. Las penicilinas se utilizan para tratar enfermedades producidas por bacterias como neumonías, amigdalitis, infecciones de tipo urinario o provocadas por quemaduras. Por ejemplo, la amoxicilina es eficaz contra infecciones de las vías respiratorias y de la piel.

Macrólidos

Dentro de la clasificación de antibióticos, encontramos antibióticos como la azitromicina, la claritromicina o la eritromicina. Los macrólidos, además de su efecto antibacteriano, aportan también un efecto antiinflamatorio. Son especialmente indicados en el tratamiento de enfermedades respiratorias. La azitromicina se emplea en enfermedades de transmisión sexual y para tratar órganos reproductivos.

Aminoglucósidos

Pertenecen a esta categoría antibióticos como la gentamicina o la tobramicina. Este último se utiliza en el tratamiento de infecciones oculares como la conjuntivitis. También en la prevención de posibles infecciones después de cirugías oculares.

Tetraciclinas

La doxiciclina pertenece a esta categoría de antibióticos, que previenen la multiplicación y propagación de las bacterias. Se utilizan para tratar infecciones de piel, ojos, aparato digestivo o sistema urinario. Además, se emplean en infecciones causadas por parásitos como garrapatas, ácaros o piojos.

Polienos

En la clasificación de antibióticos, los polienos son una clase de agentes fungicidas para tratar infecciones de la piel y membranas mucosas por hongos. Los antibióticos más empleados que pertenecen a esta categoría son la nistatina y la anfotericina B.

Polipéptidos

La actinomicina, la bacitracina o la polimixina B entran dentro de esta categoría. Son antibióticos que se emplean en tratamientos para curar infecciones de oído externo, oculares externas o vejiga.

¿Cuándo se produce un uso incorrecto de los antibióticos?

Un habitual uso incorrecto es dejar de tomar el antibiótico prescrito al sentir una mejoría. Y es que es fundamental terminar todo el tratamiento para conseguir eliminar las bacterias que han causado la infección o la  enfermedad. En caso de no hacerlo, las bacterias podrían volver a reproducirse.

Por otro lado, las bacterias aprenden a resistir a la acción del antibiótico. Si el paciente interrumpe la toma, es más probable que las bacterias supervivientes se vuelvan inmunes a las propiedades de los antibióticos.

Cómo hacer un uso responsable de antibióticos

Por último repasamos algunas pautas para hacer un buen uso de los antibióticos y no abusar de este tipo de medicamentos si no lo determina un profesional médico:

  • Un uso adecuado de los antibióticos se realiza siempre bajo prescripción médica. Esto significa que un paciente nunca debe automedicarse, aunque ya haya usado el fármaco previamente para combatir una afección o patología. Los antibióticos no funcionan por igual, aunque se empleen para una misma infección.
  • Otra pauta para usar estos medicamentos correctamente es respetar la duración y la dosis del antibiótico prescrito. Si la infección o la enfermedad persiste, hay que consultar con el médico, ya que podría prolongar el tratamiento.
  • No utilizar los antibióticos para curar una infección vírica como una gripe. En estos casos, el tratamiento es completamente ineficaz. Además, se puede producir un efecto rebote, consiguiendo que los virus se hagan más resistentes.
  • Es importante remarcar que el paciente únicamente debe tomar antibióticos si es realmente necesario y así lo prescribe el especialista.

En definitiva, los antibióticos son fármacos de gran eficacia contra afecciones y enfermedades causadas por bacterias como neumonías, afecciones oculares o de la piel. Por lo que, recordemos que al ser medicamentos de gran potencia, solo puede recetarlos un especialista.

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