En un mundo cada vez más complejo e interconectado la inteligencia social se ha convertido en una aptitud imprescindible. Y es por ello que cada vez más personas y empresas se interesan por conocer de cerca este concepto y empezar a potenciar perfiles profesionales que la posean. Si tú también estás buscando información sobre la inteligencia social, quédate. Hoy te contamos qué es y para qué sirve. Además, recuerda que con nosotros podrás formarte con nosotros en psicología y trabajo social.

Qué es la inteligencia social

La inteligencia social es la capacidad de comunicarse, entenderse y relacionarse con otras personas desde una postura asertiva y empática. Esta habilidad suele formar parte de una misma persona. Sin embargo, puede ser adquirida y practicada. Y es que la inteligencia social forma parte del conocimiento personal de cada uno.

Es una inteligencia que nos permite procesar, conectar, analizar y comprender información inherente e invisible. Es la inteligencia que usamos para detectar motivaciones, intenciones, estados psicológicos relevantes para el otro o propio. Este concepto se relaciona directamente con la inteligencia emocional, aunque son dos ideas diferentes.

Por su parte, la inteligencia emocional concierne a procesos cognitivos para la resolución de conflictos, siendo más introspectiva y buscando modificar los procesos que una persona activa antes de interaccionar. En cambio, la inteligencia social se ocupa de otras áreas como la expresión, el aprendizaje consecuente la comunicación externa, el diálogo, la escucha o la conciliación.

La inteligencia social parte de la observación, escucha, percepción inconsciente que tenemos sobre una relación o varias. Cuando iniciamos una relación social, nos adherimos a varias conclusiones, pensamientos o simbolizaciones compartidas y comunes.

¿Qué es el cerebro social?

Muy relacionado con el concepto que estamos tratando aparece también el del cerebro social. Este hace referencia a las conexiones neuronales que reinan sobre nuestras relaciones. En él se incluyen los recuerdos, pensamientos, emociones, sentimientos y sensaciones sobre nuestras interacciones sociales.

Gracias a las neuronas espejo, que nos permiten detectar emociones en los demás, podemos construir relaciones basadas en la empatía y el entendimiento. Tener un cerebro social es tener la capacidad de reconocer los sentimientos de los otros y sentirnos “identificados” con los demás. En este contexto puede aparecer el contagio emocional.

Habilidades de la inteligencia social

Una persona con inteligencia social tiene ciertas habilidades que le permiten comunicarse con su entorno social. Utilizar esta inteligencia implica analizar la información “cálida” (cultural y emocional) que nos transmiten nuestros interlocutores y la información “fría” que se nos transmite de otros modos.

Generalmente, se establece la comunicación desde algunas bases como la empatía, el autoconocimiento o la lectura de emociones externas. La inteligencia social se compone de:

1-. Información y formación contextual

El contexto social en el que nos desempeñamos es de vital importancia para mostrar una actitud basada en la inteligencia social. Por ello, necesitamos tener información sobre el contexto en el que nos encontramos, conociendo roles sociales, costumbres reglas sociales o idiosincrasia propias del entorno. Obtener esta información y ser consciente de ello es de vital importancia para mostrar nuestra inteligencia social.

2-. Capacidades comunicativas fluida

No solo a nivel conversacional. Una persona inteligente socialmente es capaz de desarrollar habilidades de comunicación verbal, no verbal y conversacional. Así, debe ser consciente de todos estos ámbitos y aplicarlos correctamente para transmitir correctamente los mensajes que se quieran lanzar.

3-. Eficacia social

Como hablábamos anteriormente, en un grupo social determinado pueden existir diferentes roles, posiciones o normas no escritas. Una persona con inteligencia social es eficaz en cualquier entorno. Es capaz de determinar rápidamente cuál debe ser su papel o rol dependiendo del ambiente. De este modo se asegura una comunicación asertiva, sin estrés y conciliadora.

4-. Capacidad de escucha

Tal y como ocurre con la inteligencia emocional, la capacidad de escucha y respuesta activa es también muy importante en la inteligencia social. Conectar con los interlocutores para aprender de ellos mediante el diálogo es de vital importancia. Todo ello además, contribuye positivamente en el crecimiento personal de cada persona.

5-. Sensibilidad

Una persona con inteligencia emocional es una persona sensible y capaz de percibir la sensibilidad de los otros, comprendiendo cómo funciona. Es, de este modo, una persona empática, capaz de entender qué activa las emociones de los demás. Todo ello facilita la comunicación entre estas personas, pues en los discursos y diálogos se comprenden las particularidades del otro.

6-. Imagen externa

Las personas inteligentes socialmente son capaces de formarse una imagen externa acorde con el rol que debe interpretar y en concordancia con si mismos. Siendo capaces de conectar con lo que se espera de ellos y con lo que realmente son. De este modo, se pueden mostrar sinceros ante la persona o personas que atiendan, adoptando a la vez una conducta empática y de consenso.

Trabajar la inteligencia social

Es posible trabajar en nuestras propias habilidades que nos conviertan en personas inteligentes socialmente. Así, por ejemplo, podemos empezar por trabajar con estos aspectos personales:

  • Autoconocimiento de las necesidades
  • Conciencia propia
  • Expresión de ideas, conceptos y estados anímicos de manera clara y en conjunto
  • Empatía
  • Capacidad asertiva
  • Interés por el otro
  • Escucha activa
  • Motivación