¿Conoces el concepto de nutrición emocional? Lo cierto es que se trata de un concepto relativamente nuevo. Por lo que la información al respecto puede ser todavía un poco confusa. Uno de los motivos de esta poca claridad es la confusión entre alimentación y nutrición. Si te apasionan estos ámbitos y quieres especializarte en ellos, no te pierdas nuestro Coaching Nutricional Curso. Y sigue leyendo, despejamos algunas dudas.

Alimentación emocional

Vamos a empezar por este otro término, muy interesante también, pero distinto del que nos ocupa. ¿Por qué? Porque en gran medida pueden tener relación y retroalimentarse en algunas ocasiones.

La alimentación emocional hace referencia a las elecciones alimentarias que hacemos dependiendo de nuestras emociones. Seguro que te suena que en momentos en los que estamos más inestables emocionalmente elegimos comer alimentos más grasos, o más dulces. Dependiendo de cómo nos encontremos elegiremos unos alimentos u otros. Estas elecciones dependen de lo que nuestro cuerpo pide en ese momento. Pero, no podemos negarlo, también influye lo que hemos aprendido que “debemos querer” en esos momentos. La publicidad, nuestro entorno y otros factores influyen bastante en nuestra alimentación.

Así pues, si estamos tristes elegiremos unos alimentos y una forma de comerlos. Si tenemos ansiedad, elegiremos otros alimentos y otra forma de comerlos, y lo mismo con la depresión.

Además, seguimos pautas de comportamiento social que nos empujan a alimentarnos de formas a veces poco apropiadas. Las alegrías se celebran comiendo y bebiendo en nuestra sociedad. Por ello, se crean asociaciones mentales y esa emoción también implica un tipo de alimentación.

Dicha alimentación emocional presenta dos problemas potenciales: desatender nuestras necesidades nutricionales y desarrollar trastornos alimentarios.

Nutrición emocional

Este concepto tiene algo en común con el anterior, ya que relaciona también la comida con la mente y las emociones.

La nutrición emocional hace referencia a qué nutrientes influyen, y cómo, en los estados de humor, principalmente. Nos permite entender por qué existe la alimentación emocional y nos da herramientas para utilizarla en nuestro favor. De lo contrario, estamos a su merced y podemos perder el control.

En ocasiones, en un estado depresivo, puede que el cuerpo sea sabio y nos haga tener ganas de comer un alimento rico en triptófano. Pero también puede solamente querer calmar la mente con la sensación de recompensa de ingerir un alimento que le gusta. Se produce dopamina, lo cual está muy bien para ese momento. Sin embargo, el alimento ingerido puede ser sano o ser un desastre nutricional. Esto, como puedes imaginar, es perjudicial a medio y largo plazo. Por eso es necesario conocer cómo funciona la nutrición emocional.

Premisas básicas

Vamos a conocer las premisas sobre las que se asienta la nutrición emocional.

– Nuestros estados de ánimo influyen en nuestros hábitos alimentarios. Esto está íntimamente relacionado con el concepto de alimentación emocional. El cuidar nuestras emociones nos permite mantenernos equilibrados. Este equilibrio mantenido en el tiempo nos ayuda a hacer las elecciones correctas en cuanto a alimentos. De este modo, es fácil elegir una alimentación equilibrada nutricionalmente hablando, si se está equilibrado emocionalmente.

– Los hábitos alimentarios afectan a nuestro estado de ánimo. Pese a ser la otra cara de la misma moneda, en relación con la premisa anterior, esto te puede interesar bastante. Teniendo la información en la mano para saber qué alimentos favorecen tu bienestar emocional puedes elegir correctamente. No es fácil, porque si te encuentras en un estado de ánimo depresivo o ansioso es complicado tomar decisiones meditadas. Es más común en esos estados elegir alimentos de poco valor nutricional. Sin embargo, debes aprovechar siempre que puedas para romper el círculo vicioso y elegir la alimentación que te favorece. ¿Qué quiere decir que te favorece? Pues, por ejemplo, que contribuye a un equilibrio químico en tu organismo. Este equilibrio mantiene funcionando correctamente a tus hormonas, sistema inmunitario, glándulas y sistema nervioso.

¿Cómo funciona la nutrición emocional?

Su principal objetivo es que alimentes a tu sistema nervioso y tu cerebro con los alimentos adecuados. Así, estarás facilitando los nutrientes necesarios para que funcionen bien: glándulas, hígado, páncreas, tiroides, hipotálamo, pituitaria, sistema inmune y sistema límbico. Estos componentes de tu cuerpo se encargan, entre otras cosas, de que haya una buena comunicación y fluidez química en tu organismo.

Anticípate

Anticiparse, ¿a qué? Al llevar este tipo de alimentación te estás anticipando a enfermedades y estados de ánimo negativos. Por ejemplo, nutriendo correctamente a tu sistema inmune podrás enfrentarte a gran parte de los virus. Entre otros ejemplos, es importante cuidar los alimentos que ingieres para cuidar de tu intestino. En él:

– Hay un sistema nervioso autónomo.

– Vive el 70 % de las células de nuestro sistema inmune.

Ejemplos de cambios de ánimo relacionados con nutrientes

Tras la teoría, que sin duda es interesante para comprender esta relación estado de ánimo-nutrición, veamos algunos ejemplos.

Intolerancias

En muchas ocasiones existen intolerancias a alimentos que tienen efectos que no relacionamos directamente. Salvo que tengas una intolerancia grave o una alergia, puedes no darte cuenta de qué pasa. Es muy útil, cuando te encuentres mal sin razón aparente (anímica o físicamente) que recuerdes qué has comido y lo anotes. Si, con el tiempo, encuentras un patrón, sabrás que ese alimento no es bien recibido en tu organismo. Así, podrás evitar los cambios de ánimo que pueden causar estos alimentos.

Ácido láctico

El aumento de el ácido láctico, también conocido como síndrome de ansiedad producido por lactosa, es otro ejemplo. Ingerir determinados nutrientes y tener carencia de otros, como la vitamina B, pueden causarlo.

Sistema inmune

Cuando este está bajo mínimos por estados de estrés o carencias de nutrientes también puedes notar cambios de humor. Seguro que has experimentado altibajos en tu ánimo en esos periodos e, incluso, puede que posteriormente hayas enfermado.

Nivel de azúcar en sangre

Es probable que esto también lo hayas experimentado ya que los principales causantes abundan en la alimentación occidental. El azúcar refinado y las harinas refinadas aumentan el nivel de azúcar en la sangre. Y a veces se puede experimentar una bajada de este nivel. Si es brusca, los primeros que lo notan son el cerebro y el sistema nervioso. Puedes sentir dificultad para concentrarte o recordar cosas y, posteriormente, un cambio de humor. Si eliges los hidratos complejos, en vez de simples (los refinados), fibra, proteína y vitamina B, evitarás que te suceda.

 

Como ves, hay una gran influencia entre lo que comemos y cómo nos sentimos, física y emocionalmente. Es una cuestión de química corporal, así que, si cuidas lo que comes, tu cuerpo y tu mente estarán equilibrados.

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