Construir una infancia feliz es una tarea complicada. Aunque muchas veces pensamos que toda la tarea recae sobre los padres, este es un trabajo de todos los sectores de la sociedad. Es cierto que, sin embargo, el pilar más importante debe ser el núcleo familiar, peor hay muchos otros ámbitos en los que debemos prestar atención. Si te interesa este tema, no te pierdas nuestro artículo, en el que te damos algunos de los consejos para fomentar la felicidad en los más pequeños. Además, recuerda que si tienes interés por esta temática, no puedes perderte nuestro Postgrado en Psicología Infantil y Adolescente + Máster en Coaching y en Inteligencia Emocional.

La importancia de una infancia feliz

Garantizar una infancia feliz dentro de las posibilidades de cada persona es de vital importancia. Es de hecho, un punto de acuerdo entre todos los organismos internacionales. Desde Unicef hasta la institución estadounidense Johns Hopkins Bloomberg. Si la niñez es feliz, garantizar el crecimiento sano, a nivel físico, mental y moral es mucho más fácil, guiando a las personas hacia un camino estable, basado en los valores humanos.

Otros estudios indican cómo la felicidad actúa positivamente sobre la salud de los niños. Suena inverosímil, pero su sistema inmune suele ser más fuerte, lo que permite la prevención de enfermedades físicas y problemas psicológicos, como la depresión.

Fomentar una etapa infantil feliz proporciona muchos beneficios en la persona. Generalmente, estas serán más seguras y, por tanto, más propenso al éxito. Otra ventaja es la reciprocidad, es decir, la manera en que una persona feliz se expresa con los demás. Es normal que un niño feliz, en su madurez, transmita sentimientos positivos a su entorno e incluso a sus hijos e hijas.

¿En qué momento se debe fomentar el sentimiento de felicidad e intentar alejar las preocupaciones en los más pequeños? Los expertos no tienen dudas: la primera infancia es una etapa crucial para ello.

La primera infancia, fundamental

Por primera infancia entendemos la etapa que abarca desde que el niño nace hasta que cumple los 8 años. Este periodo es de aprendizaje y de asimilación de todo lo que nos rodea. Cualquier circunstancia o hecho que vivimos en estros primeros años de vida influye de manera directa en el resto de etapas vitales y de desarrollo. Los aprendizajes que adquirimos en la primera infancia nos acompañan casi siempre durante toda la vida.

Sin embargo, cuando hablamos de infancia feliz, realmente, no nos limitamos solo a e estos primeros 8 años. Intentar incidir positivamente a lo largo de la infancia de un niño es un propósito que debe durar durante todo el tiempo. Aún así, debemos tener en cuenta que no siempre es posible mantenerlos al margen de todo y que hay muchos factores externos incontrolables que influyen en ello.

Y es que hay ocasiones en las que se producen situaciones incontrolables que repercuten inevitablemente en los más pequeños, que por otro lado suelen estar pendientes de todo. Por ejemplo, hay situaciones que los adultos creemos gestionar de manera eficiente y que, sin embargo, los más pequeños llegan a percibir. Un mal día en el trabajo, una discusión con nuestra pareja o el cansancio acumulado de la semana. Son detalles que, sin emabrgo, debemos intentar hablar con ellos: es normal y no es malo no estar siempre al 100%.

Con ello, es cierto que a veces podemos entender erróneamente nuestro papel en lo que supone el fomento de una infancia feliz. No se trata de intentar que el niño viva en una burbuja: la practicidad que vemos durante la madurez, donde la economía juega un papel importante, no está la solución. Aunque intentemos hacer feliz a un niño por un momento, con un regalo, esto no será suficiente.

Cómo repercuten los factores externos

Como comentábamos anteriormente, una infancia feliz solo puede ser entendida a través del amor y la dedicación. Aún así debemos comprender que hay factores externos o incontrolables que influyen directamente y que, en muchas ocasiones, no dependen de los padres, cuidadores o tutores. Por ejemplo, serían algunos de ellos los factores económicos y sociales.

Es por emos el hambre que padecen muchos niños en el mundo, así como otras carencias a nivel educativo o sanitario. Esto nos permite analizar a la infancia feliz como una norma global en la que deben participar las instituciones.

No siempre está en la mano de muchas familias garantizar la alimentación o el fomento de la cultura. Solo el amor se permite en cada contexto, independientemente de esos factores externos que no podemos controlar.

¿Cuál debe ser nuestro papel para fomentar la felicidad infantil?

La felicidad durante la infancia debe trabajarse a tiempo completo. En la familia, los adultos juegan un papel importante. También tiene un rol determinante el docente durante la educación. Sin embargo, la pregunta clave es ¿Qué necesita un menor para ser feliz? La respuesta fácil sería decir: un entorno que le proporcione amor, tranquilidad y confianza. Lo que, sin duda, es muy difícil de concretar, puesto que son sensaciones muy personales y subjetivos. Por ello, podemos decir que el acompañamiento, la comprensión y el compañerismo  son aspectos muy necesarios en el desarrollo del menor.

Para que los más pequeños se sientan seguros, deberemos aportarles un entorno basado en la confianza y el apoyo constante en sus dificultades y preocupaciones. Esto, por otro lado, no significa que debemos solucionarles todos los problemas. Nuestro papel como adultos debe ser de acompañamiento, proporcionándoles los conocimientos y herramientas que les permitan avanzar, madurar y salvar cualquier obstáculo.

Obviamente, como todo aprendizaje, esto debe ser gradual. No por dejarles solos ante el problema van a ser capaces de solucionarlo. Aunque la independencia es un signo de felicidad, también lo es la tranquilidad. Si el menor no sabe qué hacer en un momento determinado, buscarle la solución es una excelente forma de comenzar la enseñanza.

Algunos consejos que te ayudarán a hacer felices a los pequeños

Ya te hemos adelantado algunos consejos que puedes poner en práctica para llevar a los niños a la felicidad. Hacerlos independientes es prioritario, para que puedan solucionar cualquier dificultad de manera autónoma.

Ante cualquier obstáculo superado, por pequeño que sea, la motivación que les demos les servirá para que quieran seguir avanzando. Si motivas a tus hijos o alumnos, estarás haciéndolos sentir más seguros de ellos mismos y valorados. Esta es una herramienta que no puede faltar para su felicidad.

Lo anterior solo será posible si prestas atención a lo que hacen. Hemos oído muchos casos de problemas infantiles en niños que buscan llamar la atención de sus padres. Si un menor se siente comprendido y escuchado es menos probable que necesite llamar la atención de los adultos..

Centrarte en su continuo aprendizaje es la mejor muestra de amor que puedes darle. A través de él, permites que vaya desarrollando diferentes competencias. Estimulas su sistema psicomotor y lo ayudas a obtener un crecimiento saludable y adecuado.

El juego es la herramienta que debes usar para enseñar a tus hijos o alumnos. No solo consigues que se centren mejor en el aprendizaje, sino que fomentas su felicidad. Toda actividad lúdica será completa en compañía, especialmente si el menor estar rodeado de quienes lo quieren.

Conseguir una infancia feliz depende de muchos factores, dentro y fuera del núcleo familiar. Como padres o formadores, debemos dar amor, que es fundamental para lograr que los pequeños sean felices y, así, se conviertan en adultos exitosos. Si te apasionan los más pequeños, no te olvides de echar un vistazo a nuestro Postgrado en Psicología Infantil y Adolescente + Máster en Coaching y en Inteligencia Emocional.