Los tipos de apego infantil que se desarrollan durante la infancia son, en muchas ocasiones, determinantes en la forma de relacionarnos cuando nos convertimos en adultos. La razón es porque el apego constituye un elemento fundamental en la construcción de la personalidad y su calidad influye en el comportamiento de cada persona. Así, los diferentes tipos de apego infantil marcan la manera en que nos expresamos y gestionamos nuestras emociones. Acompáñanos a descubrir más sobre ello y recuerda que si te apasiona este ámbito podrás formarte con nuestro Máster en Psicología Infantil y Adolescente + Máster en Coaching y en Inteligencia Emocional Infantil y Juvenil.

Pero, ¿qué es el apego infantil?

El apego infantil es el vínculo afectivo que establecemos desde que nacemos, generalmente, con nuestra madre o con la persona que nos cuida. Las investigaciones al respecto han revelado que no surge para cubrir las necesidades fisiológicas primarias sino que, por contra, es una tendencia innata a buscar la proximidad y el contacto con la persona de referencia desde que naces. Su finalidad primera es la obtención de seguridad.

Los tipos de apego infantil no se construyen de un día para otro. Los investigadores describen varias fases:

  1. Durante los seis primeros meses de vida, se produce la construcción y el reconocimiento de la figura maternal o de apego.
  2. Hasta los tres años, el niño experimenta y regula su apego. Eso se manifiesta en la búsqueda de la madre ante una amenaza, por ejemplo. Sin embargo, se empieza a alejar y a explorar por sí mismo en los momentos que no se siente amenazado.
  3. A partir de los tres años y hasta la adolescencia se produce la activación del apego. El niño empieza a percibirse como un individuo separado de la madre. Hasta ese momento, se consideraba parte de ella, como si les siguiera uniendo un cordón umbilical invisible.
  4. La adolescencia se caracteriza por las turbulencias emocionales. De este modo, se produce cierto desapego de las figuras paternas y el adolescente debe aprender a tolerar esa pérdida. Por otro lado, tiene comportamientos gregarios con sus iguales y establece nuevas figuras de apego con ellos.
  5. En la edad adulta, el apego es entre pares y destaca la figura de la pareja, aunque no es tan relevante como en la infancia.

Tipos de apego infantil

En 1970, Ainsworth y Bell realizaron un estudio con niños de hasta dos años de edad para estudiar los diferentes tipos de apego infantil. A partir de sus conclusiones, propusieron una primera distinción entre apego seguro y apego inseguro o patológico. Para ello, analizaron la capacidad del niño para explorar el mundo tomando como base la figura de apego, así como su reacción al retornar la madre.

Investigadores posteriores, como Main y Salomón en 1986, detectaron tres posibles tipologías de apego en la infancia de carácter inseguro. Estas son: la ansiosa ambivalente, la huidiza evitativa y la desorganizada.

Apego seguro

Es el apego “sano”. En este tipo, el pequeño siente la incondicionalidad por parte de su figura de apego y su disponibilidad a ayudarle ante situaciones adversas. Esto le anima y le da confianza para explorar el mundo. Muestra una búsqueda activa del contacto con la madre y responde adecuadamente ante ella. Por otro lado, es capaz de expresar una amplia gama de emociones tanto positivas como negativas. En cuanto a sus sentimientos, desarrolla el de pertenencia, el de confianza y el de aceptación de sí mismo.

El comportamiento de los progenitores de un niño con apego sano es el de disponibilidad para el pequeño y la oferta de consuelo cuando llora. Actúan de forma adecuada ante sus estados emocionales e interpretan las necesidades del hijo sin vincularlas a sus propias necesidades o como ataques conscientes del niño.

Apego inseguro huidizo

El niño ignora a la madre y ni siquiera la mira tras un periodo de ausencia. De hecho, muestra el mismo comportamiento ante los padres que ante desconocidos y, a veces, incluso manifiesta más ansiedad ante los padres que con personas ajenas al núcleo familiar.

Son niños que intentan experimentar su vida emocional sin el apoyo, el amor ni el contacto de sus padres. Tienden a la autosuficiencia y no expresan miedo, rabia o malestar. En el fondo, desconfían de que sus necesidades vayan a ser cubiertas y no las manifiestan.

Los padres de estos pequeños se relacionan con ellos con una mezcla de rechazo, agobio y hostilidad. Además, manifiestan actitudes intrusivas y controladoras. Por otra parte, niegan las necesidades no satisfechas del bebé y toman distancia emocional con él, sin validar sus sentimientos.

Apego ansioso ambivalente

Es la otra cara de la desconfianza del niño. No cree que su figura de apego esté disponible para él. Así, ante una ausencia breve de su madre, puede mostrar rabia y rechazar el contacto para, a continuación, buscarlo con ansiedad. Sus emociones y sentimientos se manifiestan de forma exagerada. Siente mucho miedo ante la separación y carece de iniciativa para explorar el mundo porque le produce ansiedad.

Los padres se muestran inconsistentes, ya que unas veces están disponibles y otras no. Y, aunque no rechazan al niño, no conectan psicológicamente con él.

Apego desorganizado

Es uno de los tipos de apego infantil más desconcertantes. Su modelo relacional es caótico e impredecible. A veces, se apegan, otras se alejan, pero siempre de manera muy superficial y para satisfacer una necesidad. Estos niños son auténticos supervivientes de sus circunstancias.

Los padres suelen ser incompetentes, padecer patologías severas de carácter psicológico o poseer adicciones.

¿Cómo debemos actuar ante las figuras de apego patológicas?

Aunque los padres son los que tienen un papel dominante para que los niños desarrollen un tipo de apego infantil sano, tú y todos podemos contribuir a estimularlo. Algunas de las actitudes que podemos adoptar son las siguientes:

  1. Brindarles seguridad y protección.
  2. Potenciar su autonomía cuando quieren explorar el mundo.
  3. Contestar a sus preguntas.
  4. Prestarles atención cuando lo solicitan.
  5. Marcarles límites con sensibilidad, ya que les da seguridad y autoestima.
  6. Empatizar con sus emociones.
  7. Responder adecuadamente a sus necesidades.
  8. Mostrarse disponibles para ellos.
  9. Ser coherentes y predecibles.
  10. Respetar su manera de expresar las emociones.
  11. Darles confianza para potenciar su autoestima.
  12. Hacerles saber que el amor es incondicional aunque no hagan las cosas bien.

Y para acabar, los tipos de apego infantil determinan la forma de forjar relaciones saludables con los demás cuando el niño llega a la edad adulta, especialmente, con la pareja. De manera que, no solo importa por la felicidad o su ausencia que causa en la infancia, sino que marca también el bienestar en el futuro.