En la actualidad vivimos rodeados de anuncios de comida insana a la vez que se nos exige estar saludables. Es complicado mantener el equilibrio en esta sociedad de consumo y de aceleración. Si eres de los que continuamente intentan comer saludable pero lo acaban dejando, este artículo te interesa. Te damos los consejos que cualquier nutricionista te daría. Y no te pierdas nuestros Cursos de nutrición para especializarte en el ámbito.

¿Qué es un alimento saludable?

Comenzamos haciéndote esta pregunta porque sabemos que aunque parece fácil contestarla no lo es. La mayoría responde diciendo que es “sano”, “algo que sienta bien al organismo”. La respuesta va más allá y es interesante saberlo para poder elegir mejor los alimentos.

Un alimento saludable es aquel que no tiene ningún ingrediente (o tiene poca cantidad) cuyo consumo repetido pueda causar alguna enfermedad. Fíjate en que parece algo sencillo. La dificultad radica en que muchas veces no consideramos dañino algo que, realmente, lo es. Te sorprenderías en la consulta de cualquier nutricionista.

Ingredientes a evitar

Con esto último nos referimos a ingredientes que están en muchos alimentos que no esperamos. Algunos de ellos son:

– Azúcar. No solamente lo encuentras en los dulces. Multitud de platos preparados se basan en este ingrediente.

– Edulcorantes. Muchos de ellos, pese a estar considerados como seguros, están, a la vez, bajo sospecha en estudios. Evita especialmente el aspartamo.

– Harinas refinadas. Recuerda elegir alimentos con harina integral.

– Aceites vegetales de mala calidad. Salvo el de oliva, aguacate y coco, por resumir un poco, deberíamos evitar el resto que se incluyen en los platos preparados. Si piensas darte un capricho de patatas fritas, no compres unas hechas con aceite de girasol o palma. Lo ideal es que las hagas en casa y con aceite de oliva.

– Colorantes artificiales. Las autoridades los consideran seguros. Pero ¿cómo ingerir sin control colorantes que junto al conservante benzoato provocan hiperactividad en niños?

– Glutamato monosódico. Este potenciador del sabor considerado seguro está bajo sospecha en determinados estudios. Puede relacionarse con demasiadas dolencias. Por prudencia, lo ideal es que lo evites. Lo encontrarás también como extracto de levadura, proteína hidrolizada y ácido glutámico, entre otros nombres.

Un buen dietista te dirá que no tienes que volverte una persona extremista, pues vivimos donde vivimos. Nos rodean todos estos ingredientes. Se trata de que siempre que puedas, evites este tipo de productos. Así, si comes de vez en cuando alguno de ellos, no pasará nada.

Cómo elegir los alimentos

Algunas de las pautas más interesantes para elegir alimentos saludables son:

– Elige los que sean menos procesados. No hay que huir de los procesados, porque algunos son saludables, por ejemplo, las legumbres cocidas. Simplemente están cocidas, llevan algún aditivo seguro y van envasadas. El haber sido procesadas no las hace malos alimentos. Pero este es un filtro muy útil: que la mayoría de los alimentos que entren en tu despensa sean naturales, sin procesar. Luego tú puedes comerlos crudos o cocinarlos, lo que vaya bien a cada alimento. Te habrás evitado una gran cantidad de ingredientes chatarra.

– Entre los procesados, elige los que tengan menos y mejores ingredientes. Cabe destacar que los ingredientes aparecen escritos en orden según la cantidad presente. Es decir, no es lo mismo comprar una salsa que primero tiene tomate y luego azúcar, que una que primero tiene azúcar y luego tomate. Ninguna parece saludable, pero, puestos a elegir, elige la que lleva más tomate que azúcar.

Ahora sí te recomendamos huir de algunos alimentos: aquellos cuya lista de ingredientes es interminable y muchos son códigos de aditivos. Es probable que sean poco sanos y te costará trabajo y tiempo averiguarlo. ¡El supermercado está lleno de opciones!

Alimentación saludable según un nutricionista

Vamos a contarte algunas características que tiene que tener tu alimentación saludable. Tu alimentación debe ser:

– Suficiente y adaptada: la energía que necesitas según tu gasto diario (por tu trabajo, hobbies o etapa de la vida). No solo no debe faltarte, tampoco debe sobrarte.

– Completa y equilibrada: con todos los nutrientes que necesitas y una gran presencia de alimentos de origen vegetal.

– Segura: que no tenga contaminantes o no superen los límites establecidos como seguros.

– Asequible: que puedas costeártela y que te permita la interacción social y la convivencia.

– Satisfactoria: además de todo lo anterior, ¡debe ser un placer para los sentidos!

El papel de la mente

Es necesario que tomes parte activa en el cuidado de tu alimentación. Sin embargo, vivir en una constante preocupación acerca de los alimentos que ingieres puede ser muy negativo. ¿Qué puedes hacer?

Para comenzar, es fundamental que seas consciente del papel que la alimentación juega en tu vida. Si estás leyendo esto, es obvio que te preocupa alimentarte bien. Ese es el primer paso para mejorar tu salud. Consultar con un nutricionista te ayudará mucho a disipar dudas. Además, podrá ayudarte a establecer un plan de alimentación con metas asumibles.

El peligro que planea sobre algunas personas que se preocupan por su alimentación es la ortorexia. No es ni más ni menos que la obsesión por alimentarse de forma saludable. Se comienza teniendo un interés sano por cuidarse y se acaba con un trastorno alimenticio. Puede llevar a controlar de forma enfermiza las formas de cocción o los ingredientes.

Si en algún momento consideras que tienes este problema, coméntalo con tu nutricionista. Si no te puede ayudar, te derivará a un psicólogo especializado. ¡No debemos dejar que sea “peor el remedio que la enfermedad”!

Algunos trucos

Para encontrar el equilibrio entre comer bien y comer mal, lo ideal es ayudarse de algunos trucos:

– Hacer solamente un cambio en la alimentación cada vez.

– No obligar a nuestro entorno a que se sume a nuestros cambios ni tratar de convencer a nadie. Es mejor mantener a los demás al margen o, simplemente, comentar que nos sentimos mejor desde que hemos realizado determinado cambio.

– Realizar una lista de nuestras comidas saludables preferidas. Así, será más fácil incluirlas en nuestro menú semanal que si incluimos comida que no nos gusta, por saludable que sea.

– Comer lo mejor posible el máximo número posible de comidas a la semana, sin obsesionarse. Así, cuando salgamos con familia o amigos a tomar algo, podemos relajarnos un poco y elegir cualquier cosa. Recuerda, no obstante, que no es obligatorio comer mal cuando salimos. Si tu cuerpo nota que le sienta mejor un plato de pasta integral con una salsa ligera que una hamburguesa de tres pisos, ¡elige bien!

 

En definitiva, comer bien no debería ser tan complicado. Aprende un poco sobre ingredientes saludables y dañinos y disfruta de tus comidas.

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